Procuraduría General

El valor del trabajo humano no se mide por el tipo de actividad que realiza: carpintero, profesional, agricultor…, sino por el hecho de ser persona quien lo ejecuta.

El trabajo ofrece a cada ser humano la oportunidad de crecer, desarrollar sus capacidades, realizarse como persona, de obtener el bienestar personal y familiar.

El trabajo es un valor en nuestra vida. El que lo tiene debe cuidarlo, fortalecerlo y mantenerlo con el esfuerzo dedicado de cada día.

El trabajo nos dignifica y edifica. Nos impulsa a ser mejores, nos inspira a hacer las cosas con entusiasmo, dando gracias a Dios porque cada día nos permite servir con amor y poner nuestros dones al servicio del pueblo.

 

Amar el trabajo

Nuestro trabajo debe inspirarse en el amor, la entrega, calidad, servicio, honestidad y lealtad.  Trabajemos con amor y  los resultados serán mejores.

 

El trabajo en el servicio público

El servicio público nos da la bonita oportunidad de hacer carrera, siendo mujeres y hombres emprendedores, capaces de atendercon calidad y calidez a los usuarios de nuestros servicios en las diversas instituciones del Estado.

Los servidores públicos estamos llamados desde nuestro lugar de trabajo a ser mejores, eficientes, a poner mayor empeño, compromiso; a promover esperanza, confianza, solidaridad; y darnos a quien se merece nuestra atención: las y los ciudadanos protagonistas.

 

El trabajo es un don de Dios

El trabajo bien hecho por amor a Dios, se convierte en camino de santificación y medio para lograr el perfeccionamiento personal y profesional.

El trabajo es un don de Dios, un gran bien para el hombre. Y es no sólo un bien útil o para disfrutar, sino un bien digno, es decir, que corresponde a la dignidad del hombre, un bien que expresa esta dignidad y la aumenta» Una vida sin trabajo se corrompe, y en el trabajo el hombre «se hace más hombre» más digno y más noble, si lo lleva acabo como Dios quiere.

 

El Apóstol San Pablo,  señala a los primeros cristianos de Tesalónica, mientras les predicaba la Buena Nueva de Jesús: Recordad -les dice- nuestros esfuerzos y fatigas; trabajando día y noche para no serle gravoso a nadie… Posteriormente, en la segunda Carta: Ya sabéis cómo tenéis que imitar mi ejemplo: no viví entre vosotros sin trabajar, nadie me dio de balde el pan que comí, sino que trabajé y me cansé día y noche, a fin de no ser carga para nadie. El Espíritu Santo, con este ejemplo, nos ha inculcado un principio práctico bien claro a seguir: el que no trabaje, que no coma.

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